Cádiz 3-1 Alavés

ESTE AÑO NOS SALIMOS

(José Antonio Vera Luque) 10-01-2020

El Choco y Negredo son como esas parejas de polis de película americana. Como Mel Gibson y Danny Glover en “Arma Letal” en cualquiera de sus tropecientas partes. Negredo, el poli veterano y cuadraete, que a base de cachetás resuelve las papeletas, y al cual le surge el enmarronamiento peliculero cuando le queda poco para jubilarse del cuerpo. El Choco, el chavalito que viene de nuevo, bacileta, y que siempre en medio de una situación límite, llamémosle tiroteo en callejón oscuro, suelta un chistecillo o una pamplina made in guión americano de película entretenía, sin más pretensiones. Se encajan a la perfección como las dos piezas finales del puzzle. Cuando los tenemos a los dos en condiciones, hasta Cervera renuncia a ese Cádiz de velocistas abiertos y delantero tanque (formato Salvi-Ortuño-Alvarito) que mantuvo hasta el año pasado con distintos protagonistas, pero con misma intención… para transformarlo en dos puntas (Gibson&Glover) y dos interiores técnicos como Alex y Perea. Reiterándome en lo escrito hace unos días, la diferencia entre los delanteros titulares y los delanteros suplentes es tal, que parecemos otro equipo, según quienes ocupen los puestos de la punta. La influencia de los dos que juegan más cerca de la portería contraria en el equipo es tan importante como inusual en un once, donde las lesiones en el medio del campo, o en la defensa, han sido parcheadas con éxito por el míster, pero no ha sido así en el caso de ausencia de uno de los dos arietes. Que nos duren en condiciones mucho tiempo por favor. Métanlos en formol, o yo que sé. Pero que no se nos lesionen.
 
 
El partido empezó, y VAR mediante, nos colamos sin darnos cuenta en el minuto 25 con un 1 a 1 en el marcador. Más o menos, los 25 minutos se podrían resumir en un minuto de ataque del Cádiz, un minuto de ataque del Alavés, y veintitrés minutos de conversación entre el árbitro del césped, y el árbitro del VAR. Lo mismo sin VAR, se hubiera jugado más, y el partido hubiera ido cero a cero, que no es lo mismo pero es igual. El gol del Cádiz se hubiera anulado y el penalti de Fali no se hubiera pitado en la vida. Al final resulta que el gol de Alex al estilo “recreo de la Mirandilla” era legal porque la cámara detectó que la pelota le llegó por un ligero roce con la punta de cordón del nudo del botín del defensa, y que el penalti era penalti porque Fali en su bendita inocencia le pone las manos en lo alto al delantero, hecho que en la vida real no provoca el carajazo de nadie, pero que en el vídeo, a base de Pause-Play-Pause-Play parece una llave de Chuck Norris. El VAR ha impartido justicia, a cambio de comerse un rato de partido, que ni los 5 minutos de descuento pueden compensar. Una justicia, que sin VAR hubiera acabado de la misma manera. Las cosas del furbo moerno, en fin.
 
 
Hoy el Cádiz ha realizado el mejor partido de todo el año (sí ya, sólo hemos jugado dos, pero no me negarán que el de hoy ha sido el mejor de los dos), inclusive me atrevería a decir que el mejor partido de la temporada…por lo menos en casa. Ha despachado el asunto como en aquellos tiempos en los que íbamos líderes de Segunda, y la gente abandonaba el Estadio y aguantaba las colas de los autobuses con sonrisas de oreja a oreja. Casi todo son buenas noticias, excepto la tarjetita de Fali, que acarrea un día de asuntos propios. Alex vuelve a marcar, aunque sea a medio metro de la línea, Conan volvió a estar inspirado en la única bola comprometida, y Alcalá no es el cuarto central como parecía que iba a ser. Para acabar, un apunte: en el Cádiz, lo mismo que en Cádiz, la izquierda manda. Los tres goles han venido por la misma banda, en la que Perea pone la calidad y Pacha el empuje. Entre los dos forman el futbolista completo. El Cádiz es izquierdoso, y eso que ya traspasamos a Carrillo. Es menester que la banda diestra se pique y ponga la maquinaria a funcionar del mismo modo. Con los dos de arriba rematando centros llegados de todos los puntos cardinales, nos salimos oiga. Qué 2021 nos espera. Ni Filemona puede con nohotro. ¡Cai!