Real Sociedad 4-1 Cádiz

Nada nuevo en la oficina

(José Antonio Vera Luque) 07-02-2021
Es altamente frustrante eso de esperar una semana a sentarte tranquilote a ver el partido de tu equipo, y a los 20 minutos llevarte un gratuito sofocón. Todo ello escuchando una anodina y monótona locución a cargo de dos o tres que confunden al Pacha con Jairo, o al Cádiz con el Betis, mientras miran para otro lado a cada piciazo arbitral, tal vez por aquello de la tan últimamente popular equidistancia, o por ser un bienqueda con las orejas de la élite futbolera. El caso es que uno entra triunfalmente a la Primera División del fútbol español como el que entra por las puertas de Disneylandia, y cuando estás dentro te encuentras con una feria de pueblo donde los coche choques no funcionan y la noria se menea más de la cuenta. Por más guirnaldas que le cuelguen a la competición, más metacrilato le pongan a los entrevistados, y más calendarios asimétricos se saquen de la manga, la primera división se basa en el pilar fundamental de la cultura española desde que Fernando el Católico le hizo la mirada del cocodrilo a Isabel: la chapuza.
 
Lo que hoy es penalti, mañana no, y pasado sí, y a nosotros siempre nos toca en el día del medio, vaya por Dios. El estamento arbitral es el Bernarda’s puzzy y tampoco hacen mucho por arreglar el asunto. Total, llevan casi un año sin que 20 ó 30.000 personas le recuerden a bocinazo limpio, en vivo y en directo lo buenos que son. Pitar sin público alivia los tímpanos y le rebaja el miedo escénico al timorato e inseguro. Igualmente, la afición en masa ve cortada la opción del pitote a la salida del trío arbitral y se conforma con descargar su ira en el teclado, furia insonora para el estamento federativo. La pandemia afloja la tensión en los campos, y como mucho, los escándalos duran un telediario o alguno más, si de por medio está el Madrid o el Barcelona. Los patinazos de los árbitros y sus Vares cuando es el Cádiz el damnificado se disuelven en 2 días. Para el próximo lunes, todo estará prescrito y nos podemos comer con papas otro pitorreo federativo. Al liqui.
 
Hablar de lo deportivo es una pamplina desde el momento en el que el partido se ha desbaratado como esa ensaladilla de pulpo presentada en perfecto cilindro, hasta que uno le endiña con el tenedor. Imposible que el partido se pusiera más imposible. Lesión de Johnson, expulsión de un central, penalti en contra que sí…penalti a favor que no…Eso es otra. En 22 partidos de liga, nos han pitado a nuestro favor la totalidad de cero penaltis. Así por encima recuerdo tres que pilló al del Var yendo a por un manchao (Osasuna, Granada y Elche) y otros tres que se pitaron…pero que eran de broma. (Otro en Elche, Atlético y hoy). Tres veces el Jefe del pelotón ha dado la orden de carguen y apunten, pero en el momento del disparo, el reo se ha guarnajao. Habrá que bucear en los registros ligueros a ver si hay algún equipo desde el año 1928 cuando inventaron el veneno este, que se llevara 22 partidos seguidos sin tirar un penalti. 22…y los que quedan. Tú verá. Al RAM Joventut le van a pitar un penalti antes que nosotros. Ajú picha.
 
Sabíamos que el Tourmalet de principios de la segunda vuelta iba a ser empinado, pero mamones…no pincharnos las ruedas encima. Al menos estamos aguantando el tirón con los de abajo, que avanzan pero poco. La bolsa de puntos imaginarios que no hemos podido lograr por las puñeterías arbitrales puede estar en torno a los 4 ó 5, y tirando por bajo. Si el equipo fuera el último con 12 puntos…no habría excusa. Lo malo es que en esa horquilla puede estar el quedar el 17 o quedar el 18…Descender descolgado el último, sobreseiría la culpabilidad arbitral. Descender pegao al puesto decimoséptimo…mejor no lo pienso. Porque entonces se me viene el gol anulado a Cacique Medina en Villareal en el 2006, a causa de un chivatazo de un cámara de Canal Nou a Rafa el linier-showman del “no me jodas”, cuando el gol fue legal como un patinete por el carril bici, y hubiera supuesto la salvación en junio. Miedo me da lo que viene.