Cádiz 2-1 Valencia

QUIEN SE ABURRE ES PORQUE QUIERE
 
(Jose Antonio Vera Luque) 5-4-2021
 
Como del tema del día ya se encarga el Twitter, yo por aquí no me voy a extender mucho. Una mijita namá. Y digo que, como cadista, si se demuestra que Cala vomitó un improperio racista, que se vaya buscando la vida en la Lazio o en el Legia de Varsovia, que allí lo van a acoger gustosamente. Racistas en el Cádiz no, por muchos goles que marque. Por supuesto, si se demuestra. Hasta ahora, nada más que hay dos versiones: la de Cala que dice que no, y la de Diakhaby que dice que sí. Así que propongo un debate a dos bandas, que hoy por hoy fijo que tiene más interés que el del Ayuso vs Pablo Iglesias. ¿Te imagina? Eso sí, buenos compis se ha buscado el francés para que lo defiendan. En cuanto han visto peligrar tres puntos, el #StopRacismo ha ido a por tabaco, con lo que tan admirable decisión pasa a la categoría de mamarrachada, puesto que en el ranking de prioridades del club valencianista, ganar el partido está por encima de decirle al racismo “hasta aquí llegamos”. Como esos que cuando se enteran de que al hacer huelga no le pagan el sueldo correspondiente a ese día, tardan 0,2 en bajarse del carro. Solidaridad sin coste alguno. Así es solidario cualquiera, pichón. Tota, que como las únicas imágenes que hay del mamoneo están sacadas desde una azotea del Río San Pedro, los cuarenta mil micrófonos dolbysurrrrround existentes a lo largo del campo no han recogido nada, y lo único que tenemos es la palabra de uno contra la del otro, me da que esto no va a llegar a nada. Juan Cala cargará mucho tiempo, con o sin razón, con la sospecha de tener un póster de Santi Abascal en la taquilla del vestuario, y el incidente será argumento recurrente para los anti-cadistas del mundo durante bastante tiempo, siendo como es esta afición y esta ciudad, mestiza, permanente en el top de pueblos con ADN más rebujado del globo, y de lo más tolerante y antirracista que se despacha. En fin. Vamos a lo que fue el partido.
 
Está claro que la partida se divide en tres partes. La primera, desde que empieza hasta que se lía el pitote. Hasta ahí estábamos viendo un partido guapetón. Y un Cádiz que aparte del gol, se estaba tirando para adelante más de lo establecido por los mandamientos cerverianos. Cierta alegría en el juego, y un par de sustitos chés en sendos disparos desde kilómetro y medio, que Ledesma solucionó bien, para regocijo y perorata de Cañizares. Eso es otra, los comentaristas. ¿Siempre nos tocan los mismos, joé? Curioso el detalle del ya famoso locutor a pie de campo, que cuando Cala marca el gol, se le llenó la boca recordando los orígenes canteranos y sevillistas del de Lebrija, pero que a raíz de la famosa bronca, y con la sospecha de la militancia kukusklanera del central, ya no volvió a recordar su tierna infancia sevillista. Jijiji. Plumero a la vista.
La segunda parte del partido comienza una vez que el Valencia regresa al campo después del Black Lives Matter chiquito. Antirracismo de 7 a 7 y cuarto. Desde ese momento hasta bien entrada la segunda parte, en el césped había 22 futbolistas ejerciendo de figurantes de lo que realmente estaba atrayendo la atención de todo quisqui. Cuál orquesta sin vocalista en medio del croqueteo de un congreso de neurocirugía, los dos equipos eran la música instrumental de fondo, tapada por las conversaciones tuiteras y por los wasaps echando humos. Nadie miraba al verde. Todo el mundo pendiente de las pantallas en un universo digno de capitulazo de “Black Mirror”. A veces, incluso los propios jugadores parecieron ponerse de acuerdo para que no pasara nada, como no queriendo interrumpir los chutes de gigabites que se estaba dando la peña, que miraba el partido como el que ve la repetición del sorteo del Gordo del 2017. Sin interés, ni motivación para la sorpresa en forma de gol.
 
Y llegó la tercera parte de un partido con más partes que ninguno. Nos dimos cuenta de que afrontábamos el final del encuentro, con Malbasic, Alejo y Pombo en el terreno, y no sabíamos como habíamos llegado hasta esa situación. De por medio, en el Valencia aparecen Vallejo con V de Vendetta, y Cheryshev, cuya presencia en Cádiz, es como la de la Gran Aurora, mítica artista circense. Con él llega el espectáculo. Total, que mientras que andábamos confusos y desgastados como el partido, nos comimos la jugada que lo resolvió, y que puede que haya resuelto cuarto y octavo de permanencia. Una jugada en la que Malbasic y Pombo se marcan un “Pepe Viyuela” en el pico del área, y que continúa el tercer mosquetero, Alejo. El centro lo remata exitosamente en escorzo churrigueresco Marcos Mauro, precisamente el relevo del protagonista del partido, Cala. A lo mejor, sin pajarraca en la bodega, con Cala en el campo absuelto del parraque mental…esa jugada no hubiera terminado así. Pamplinas y ucronías futboleras. El partido terminó, y pegamos un tironcito para arriba, que nos sirve para que la salvación no sea producto de un triple salto mortal, como en épocas pretéritas, sino que el chapú resulte hasta sencillito. Nos quedan tres o cuatro partidos determinantes, y ojo, que como Jose Mari los juegue como ha jugado hoy, podemos estar tranquilos. El de Rota, como buen futbolista con uniforme de camuflaje, se ha pegado el mejor partido de esta temporada y parte de la anterior, sin llamar la atención y escondido entre tanto chapapote que ha escupido el día de hoy. Si la dupla con Johnson se mantiene a salvo de lesiones y acumulaciones tarjeteriles, no va a hacer falta que Vizcaíno haga un esfuerzo y nos traiga a M’Bappé pa echarnos el cable hasta Junio. Seguro. Avanzando y comiendo calle. Vamonó.